
Y en general funciona. Los paros y movilizaciones sociales ya casi son parte del pasado, gracias a los niveles de satisfacción del pueblo y las únicas expresiones públicas masivas son las del tipo deportiva, artística y cultural, eventos en los cuales el público va cotidianamente a disfrutar en familia con plena seguridad y tranquilidad. La delincuencia ha disminuido considerablemente gracias a un nuevo sistema de inteligencia policial en conjunto con las agrupaciones de vecinos y a los programas de rehabilitación y reinserción social.
Había demorado un poco en tener una buena puesta a régimen de este sistema, ya que la maquinaria de los “Ministerios Concesionados” (Mincon) fue un poco pesada en un principio. Un sistema pionero en el mundo aplicado en Chile por la dictadura a mediados de los ochenta y que luego sería aplicado con éxito en más de veinte países en vías de desarrollo. Una apuesta fuerte y radical de la dictadura que finalmente ganaría la aceptación de la gran mayoría del país y un gran reconocimiento en el extranjero.
En los inicios hubo resistencia de la gente a un gobierno de estas características y los cambios radicales que se implementaron, sobretodo en el proyecto de profesionalización de los sistemas públicos que en un principio fue rechazada rotundamente por los usuarios levantándose con manifestaciones, protestas y enfrentamientos con la fuerza pública. Fue una ardua tarea el negociar con todos los grupos involucrados y lograr acuerdos satisfactorios a las demandas de la gente, pero con el tiempo los planes de indemnización y reubicación de empleos lograron aceptación entre las partes. La gente se sentía victoriosa y el gobierno lograba implantar una semilla privada en las instituciones públicas.
Después de un par de generaciones, gran parte de los habitantes se han hecho partícipes del proceso y han tomado conciencia en favor del desarrollo del país. El trabajo ejecutado por los Mincons fue tan eficiente que gradualmente fue infectando el resto de las instituciones públicas, como el Registro Civil, CORFO y las demás.
Hace ya varios años que los asuntos están en paz. Tecleo en mi computador con una sonrisa mientras escribo un informe para mi trabajo. Mi hija salta a la cuerda en el patio con un par de amigas. El cielo está despejado y deja ver ese hermoso azul que soñé ver cuando era un niño. “Las cosas han cambiado” –pienso. “Podemos respirar”.
Pronto serán las elecciones. Nuevamente deberemos acudir a las urnas a votar por la nueva Empresa Administradora Gubernamental concesionada. Muchos le seguimos llamando “gobierno”, pero no es más que una empresa privada extranjera que brinda servicios de administración a nivel de país. La competencia está fuerte esta vez, pero sigo confiando en que la actual empresa española se adjudique la propuesta por diez años más.
MTM